[Todos FBMC] Las elecciones del 22 de octubre: un primer balance

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Lun Oct 30 10:16:43 ART 2017


LAS ELECCIONES DEL 22 de octubre: UN PRIMER BALANCE

La victoria electoral del macrismo ha puesto de manifiesto, por un lado,
el férreo respaldo de la clase capitalista al proceso económico y político
puesto en marcha en diciembre de 2015 y, del otro, un aval al mismo por
parte de un sector importante del electorado. El gobierno se alzó con la
victoria en trece provincias, incluidas en ellas a los cinco distritos
cruciales de Buenos Aires, Capital, Mendoza, Santa Fe y Córdoba. En Salta,
el macrismo venció a Urtubey, un aliado al gobierno y aspirante
presidencial de una renovación pejotista. En la Rioja derrotó al propio
Menem. En los dos distritos donde aspiraba a una victoria, Buenos Aires y
Santa Fe, el kirchnerismo fue derrotado. Al voto al gobierno, que supera
el 40% del padrón nacional, hay que sumarle los que recibieron las
opciones pejotistas filomacristas, por lo que la victoria del campo del
ajuste es contundente. La burguesía saludó con una suba en la bolsa este
aval a un proceso de rescate capitalista de la mano del capital
internacional, que ha sumado casi 100.000 millones de dólares de deuda en
dos años y enormes ganancias al capital financiero.

Semanas atrás, en el Coloquio de Idea, los voceros del gran capital
saludaron el rumbo económico y, sobre todo, la agenda de “reformas”
antiobreras planteada de aquí en adelante. Es necesario, sin embargo,
caracterizar el apoyo que cosechó esta salida en una vasta porción del
electorado. El gobierno presentó a su planteamiento económico como el
único plan de salida a la crisis que dejó el kirchnerismo, incluso con los
agravios que conlleva contra los trabajadores y la población explotada. La
salida del cepo y el retorno del financiamiento internacional ha dado
lugar a un reendeudamiento potencialmente explosivo, que en lo sustancial
recicla la deuda anterior, por un lado, y, por el otro, financia un
déficit fiscal que es resultado de un régimen acentuado de incentivos al
capital -reducción de impuestos a las exportaciones, exenciones a grupos
capitalistas, subsidios a la ‘nueva’ producción gasífera.

En una porción menor, sin embargo, el endeudamiento ha reactivado
parcialmente la obra pública y también el crédito privado, incluyendo en
esto a un sector de los trabajadores. Este endeudamiento también se
produce en condiciones usurarias y potencialmente confiscatorias, como
ocurre con el crédito de consumo, donde los trabajadores compensan con
deudas la caída de sus salarios, o con las nuevas líneas hipotecarias
-UVA, cuyo repago se indexa sin tener en cuenta la evolución de los
ingresos del deudor. En otro orden, el macrismo redobló la explotación
política de la corrupción kirchnerista, de cuyas causas se pretende valer
para envolver en una pátina “moral” la escalada de medidas ajustadoras.
Del mismo modo, tomó el eje de las “mafias sindicales” y encarceló al
“Pata” Medina, pero sólo para forzar a los otros mafiosos a sentarse a
discutir -y entregar- la reforma laboral.

Crisis de dirección

Pero ninguna determinación puramente económica explica esta aceptación
electoral. La cuestión central pasa por la crisis de dirección del
movimiento obrero. En estos casi dos años de macrismo, la clase obrera
desplegó enormes esfuerzos para rechazar la política de cierres fabriles,
despidos y paritarias con cepo. En ese derrotero se encuentra la lucha de
AGR, de Pepsico y de un importante conjunto de fábricas. Estas luchas, o
fueron aisladas por las burocracias de sus gremios en el propio conflicto
-como Banghó- o soportaron luego el bloqueo de las centrales obreras.
Después del paro del 6 de abril, la CGT no sólo dejó librados a su suerte
a los conflictos sino que terminó sumándose abiertamente a la negociación
de la reforma laboral con el gobierno. El kirchnerismo jugó un papel
crucial en ese proceso: la Corriente Federal de los K no levantó nunca los
pies del plato respecto del pacto entre Macri y la CGT. La propia
Cristina, incluso, desalentó cualquier tentativa siquiera de movilización
de los gremios kirchneristas -ello, en nombre de que “había que asestarle
al gobierno un golpe en las urnas” que, finalmente, tampoco pudo
concretar. Lo mismo puede decirse de la gran huelga docente, que el
yaskismo nunca preparó en la perspectiva de infligirle una derrota al
gobierno.

En este balance ocupa un capítulo especial el caso Maldonado y su
desenlace sólo provisorio -la aparición e identificación del cuerpo del
joven, en las vísperas mismas de las elecciones. Esta desaparición,
ocurrida en medio de una represión ordenada desde el mismo Ministerio de
Seguridad, provocó una fuerte conmoción popular, que dio lugar a
movilizaciones masivas. Esa intervención popular terminó colocando en
crisis a las maniobras de encubrimiento del gobierno, que sembró versiones
falsas sobre el paradero de Maldonado para proteger a la Gendarmería. La
crisis se coló directamente en la campaña electoral, incluso con una
directa intervención nuestra: ello ocurrió en el debate de Capital, cuando
Ramal emplazó a Carrió a pronunciarse sobre el tema, desatando un
desbarranque de provocaciones verbales que obligaron al gobierno a
retirarla de la campaña. En un diario oficialista como La Nación, varios
columnistas expresaron preocupación sobre una posible caída importante de
votos de la candidata oficial. Pero en las horas decisivas, cuando el
cuerpo de Maldonado aparece y es identificado, el gobierno logra retomar
la iniciativa en base a una furiosa campaña mediática que busca
desacreditar al movimiento que luchó por la aparición de Santiago. Cuando
el juez de la causa se apresura a anunciar que el cuerpo de Maldonado “no
tiene heridas”, apuntando así a una muerte accidental, se imponía una
fuerte respuesta popular para rechazar esta operación política y sostener
la responsabilidad de fondo del Estado y el gobierno en la desaparición
forzada. El kirchnerismo boicoteó la movilización popular y facilitó las
manipulaciones oficiales.

Para que una parte del voto popular fuera capturado por el macrismo, debió
mediar previamente este trabajo implacable, de la burocracia y de la
oposición patronal, contra las reservas de lucha de la clase obrera y, en
general, del movimiento popular.

Vuelta de tuerca en el ajuste

El gobierno se valdrá del aval electoral para tentar una vuelta de tuerca
drástica en el ajuste, lo cual había sido planteado claramente por los
voceros del capital financiero -Morgan Stanley- en el curso de la campaña.
El ajustazo es, en primer lugar, una exigencia de los usureros para que la
deuda -que ya supera las dos terceras partes del producto- cuente con una
garantía de repago. El Coloquio de Idea, en este sentido, operó como un
apoyo y, a la vez, como un emplazamiento al gobierno, en la línea de las
reformas “en serio”. Este viraje, que fue disimulado durante la campaña
electoral, fue el corazón de los anuncios de Macri en la conferencia de
prensa de este lunes. La agenda plantea, en primer lugar, la reforma
impositiva, que es el corazón del ‘nuevo’ pacto federal con los
gobernadores. Se trata de una reducción de los impuestos que gravan a los
capitalistas y, como contraparte de ello, un progresivo plan de ajustes en
los gastos de las administraciones provinciales, con despidos incluidos y
con la modificación de sus regímenes previsionales. En torno de este
acuerdo deberá articularse la “gobernabilidad” entre el macrismo y los
senadores o gobernadores del Pejota. La agenda oficial incluye, por
supuesto, a la reforma laboral, que avanza en los acuerdos gremio por
gremio, pero que exigirá también medidas legales de alcance general, a ser
debatidas en el Congreso. Es el caso de la nueva reducción de aportes
patronales que se discute como contrapartida de un blanqueo laboral. A su
turno, esa caída de los ingresos previsionales empujará a la reforma del
régimen jubilatorio, con el aumento de la edad para el retiro. El paquete
oficial se completa con una reforma educativa que subordine
definitivamente a la enseñanza media a las necesidades del capital (en la
línea de lo que se implementa en Ciudad de Buenos Aires), con un régimen
de “cobertura única de salud”, que comporta un principio de privatización
del hospital público y una nueva escalada de tarifazos.

Esta declaración de guerra será fuente de choques y luchas en todos los
terrenos del movimiento de las masas, que tendrán que ser preparadas a
través de una intensa tarea de propaganda, agitación y organización. Por
otra parte, el plan oficial enfrenta los límites más generales que plantea
la marcha de la crisis capitalista. La sobreabundancia de liquidez
internacional -que ha facilitado la financiación de la bicicleta
“macrista”- podría continuar durante todo un período y darle aliento al
plan de endeudamiento oficial. Pero no puede excluirse una reversión
brusca en el flujo de capitales, como consecuencia de un agravamiento de
la crisis mundial. Ello podría conducir a una brusca eclosión del
planteamiento económico del gobierno.

Peronismo y kirchnerismo

La elección ha marcado un punto muy alto en la desintegración del
peronismo, y, como parte de él, del kirchnerismo. Apenas pasados los
comicios, parte de los intendentes que apoyaron a Cristina ya han
comenzado a desfilar por el despacho de Vidal, como antes lo habían hecho
con Pichetto. En la propia campaña electoral, el kirchnerismo reveló su
impotencia para actuar como referencia opositora al macrismo. CFK
cuestionó genéricamente al ajuste y al endeudamiento, pero nunca planteó
el repudio de la hipoteca usuraria que su propio gobierno contribuyó a
consolidar. Después de las Paso, Cristina acentuó un perfil pejotista, en
la expectativa de blindar el apoyo de los intendentes del conurbano. Un
capítulo especial del desbarranque K han sido las críticas al régimen
venezolano, como señal indudable de un alineamiento continental
estratégico en torno de una salida de recolonización económica y política
de la mano del imperialismo. La decadencia del kirchnerismo plantea el
fracaso de una tentativa tardía de rescate del nacionalismo burgués en la
Argentina, y le plantea al Partido Obrero una enorme batalla política en
el movimiento obrero y la juventud.

El Frente de Izquierda

El Frente de Izquierda obtuvo 1.150.000 votos, lo que implica un
crecimiento del 25% respecto de la votación en las Paso y un registro
similar al que alcanzamos en 2013. En Buenos Aires, la tentativa de
polarización entre las candidaturas de Bullrich y Cristina, que golpearon
fuertemente al massismo y al PJ de Randazzo, no afectaron al FIT, que
logró 500.000 votos en una votación homogénea entre las candidaturas de
senador y diputado. En este cuadro, estamos consiguiendo el ingreso de dos
diputados y un legislador provincial. En la Ciudad de Buenos Aires hicimos
nuestra mayor votación, quedando a pocas décimas del ingreso del diputado
pero conquistando por primera vez dos legisladores. Este progreso en
Ciudad y Buenos Aires debe confrontarse con retrocesos en otros distritos
donde el FIT había alcanzado grandes votaciones en 2013 y ahora
retrocedimos. Es el caso de Salta, Mendoza y Córdoba. Estamos peleando el
legislador provincial en Catamarca y, un poco más lejos, en Santiago del
Estero, en tanto conquistamos la concejalía de la capital neuquina. La
enorme votación alcanzada en Jujuy, con el ingreso de cinco legisladores y
una votación a diputado nacional que supera al Pejota en la capital de la
provincia, ha tenido lugar en medio de una aguda crisis del PJ. Hemos
obtenido casi el 10% en Santa Cruz y crecimos fuertemente en Tucumán,
pasando del 3% en elecciones anteriores a casi el 5%.

La campaña electoral ha demostrado, de un modo todavía más agudo que en el
pasado, que el Frente de Izquierda, siendo una indudable referencia
electoral, está lejos de constituir un polo político capaz de vertebrar
cotidianamente a la clase obrera en la lucha contra el Estado y los
partidos capitalistas. Pasadas las Paso, el Partido Obrero le propuso al
FIT un plan de acción, dirigido principalmente a una acción resuelta para
la conquista del voto en la clase obrera y sus sectores más activos. Este
planteo, y otras iniciativas de frente único -comenzando por los
elementales spots comunes-, fueron rechazados por el PTS. Sin perjuicio de
ello, organizamos con IS el plenario obrero en apoyo al FIT en la cancha
de Lanús, que agrupó y atrajo a un importante abanico de activistas y
dirigentes obreros en torno de la lucha electoral planteada y de
iniciativas de lucha contra el ajuste y la reforma laboral. Nuestra
campaña levantó con fuerza la denuncia del pacto Macri-CGT, golpeando a
todas las alas del PJ que sostienen a la burocracia y al sector de la
izquierda que mantiene ilusiones en el moyanismo o en la Corriente
Federal.

Nos esforzamos en asociar la campaña del PO a los grandes episodios de la
crisis política y de la lucha de las masas, al punto que fuimos acusados
de ello en varias oportunidades por los voceros mediáticos de la
burguesía. Los voceros del Partido Obrero asumieron un lugar protagónico
en la lucha electoral, como resultado de una orientación definida de
delimitación y lucha contra el gobierno ajustador y la impotente oposición
patronal.

Lo que viene

Para el Partido Obrero, la votación alcanzada es una importante plataforma
para el desarrollo de una oposición política al macrismo sobre bases
obreras y socialistas, que deberá concentrarse ahora en los sindicatos y
en todas los terrenos donde tendrá lugar la deliberación y las luchas
respecto de las iniciativas reaccionarias del gobierno. La agenda que el
gobierno anunciará en su “gran acuerdo” con los gobernadores, la
burocracia sindical y las centrales empresarias debe ser enfrentada con un
programa y un plan de acción, que debe desenvolverse en las organizaciones
obreras, en la juventud y también en los parlamentos -ese debe ser el
contenido de una política de frente único. El balance y las conclusiones
de la gigantesca batalla política que dimos en estos meses es la premisa
ineludible para conquistar y agrupar a los centenares de compañeros que
hemos sumado.


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